Aprender a escribir mejor, aprendiendo con un pequeño truco


Una de las excusas más fáciles que tenemos entre los que gustamos de escribir, es que no disponemos de suficiente tiempo libre para hacerlo bien. Parece verdad, pero son excusas.

Nadie tiene suficiente tiempo libre, porque el tiempo vacío no existe. Hay que buscarlo, hay que reorganizar las horas.

Te voy a dar un pequeño truco para que no deje de escribir por problemas de tiempo. Lo primero es que no debes ponerte el listón de la calidad muy alto. Lo importante es escribir. 


¿Tú dejas de hablar porque no lo haces igual a un académico?

Intenta el siguiente ejercicio.

Piensa en una temática que te guste y que domines ligeramente. Practicando mejorará mucho, no lo dudes. Puede ser sobre crónica política, social, laboral, gastronómico, educativo, sexo, motor, arte, urbanismo, consejos de salud, o mil temas más que se te ocurran. Pero elige uno y no te salgas de él.

Y ahora vamos a buscar la salsa que le dará cuerpo a todo lo que escribas.

Oblígate a que tus escritos tengan SOLO mil letras con espacios. 

Que tengan un tamaño entre 900 y 1000 caracteres incluidos los espacios. 

Con los días tendrás una serie de artículos medidos, temáticos y además te habrás obligado a practicar lo que seguro, te ayudará aprender —sin darte cuenta— a limar, restar, pulir los textos que escribas.

Es un ejercicio sencillo que logrará que domines mejor la escritura y a que vayas recopilando en un tamaño fijo, tus opiniones.


Coger un capazo y su valor psicológico y curativo


Es casi imposible ser aragonés y no conocer los clásicos capazos en la calle, una actividad psicológica y social tremenda por su valor curativo. Coger un capazo es mejor que tomarse una pastilla contra la depresión, es una actividad espontánea a favor de la felicidad, del buen humor y del mejor estar. Aragón sobrevive a sus vaciamientos, a base de saber coger capazos.

Coger un capazo es pararse a hablar con alguien, conocido, en la calle, y al que te encuentras de forma inesperada. Da igual si es entre hombres o mujeres, pero casi siempre entre personas mayores de 40 años.

Coger un capazo no es quedar con un amigo; con ellos se cogen reuniones, pero casi nunca capazos. Los capazos se cogen con conocidos, casi amigos, vecinos, personas que conoces de algo y que en un momento dado te paras a hablar con o sin motivo.

Un capazo no es simplemente saludar, es pararse, es hablar de nada y de todo, es comprobar que todas las personas tenemos los mismos problemas, las mismas dudas y las mismas soluciones, que son pocas o ninguna.

Los capazos se cogen entre gentes de la misma edad o similar. Te saludas y sin saber bien el motivo parapsicológico, empiezas a hablar de una cosa o de la otra. Sueltas tus primeros diablos que te atemorizan y los repartes buscando un consejo sin pedirlo, o un poco de luz. Y recoges los del otro contertulio.

Un capazo no es solo hablar, es sobre todo escuchar. 

Lo importante es que en esos pocos segundos o pocos minutos, algo empiece a brillar de otra manera en alguno de los contertulios, y salgas con una sonrisa en la boca o una posible solución o punto de vista, nuevo, tal vez diferente.

—¿Y qué tal estáis? 

—¡Bien! ¿y tú?

—¡Buff! pues ayer en el… bla bla bla.

—Eso le paso a mi cuñado y no veas, casi dos meses, bla bla bla

Visto así parecería que un capazo es una pérdida de energías, de tiempo, un espacio vacío en el espacio. La nada. Y es totalmente lo contrario.

El valor terapéutico de hablar, de escuchar y ser escuchado, de sentirte acompañado en la calle, de volver a ver a alguien, de sentir que tus espacios urbanos están llenos de personas con las que compartir, es muy superior al de cualquier pastilla médica.

Coger un capazo se hace de pie, parados, no sentados a la fresca, ni sabiendo antes que se va a coger el capazo. Debe ser espontáneo, libre, de una duración indeterminada. Y tal y como se comienza, se termina.

—Pues me alegro mucho, de verdad.

—Te veo bien, sigue así.

—Lo mismo te digo, y saluda a tu esposa, que hace mucho que no la veo

Educar es saber decir NO con sinceridad y calma


Los hijos salen como ellos quieren, como pueden o desean. La educación de los padres sirven para abrir caminos, para abrírselos a ellos…, pero al final serán nuestros hijos los que tendrán que decidir en infinidad de situaciones. Y en todas ellos… nosotros ya no estaremos allí.

Lo más importante de todo es que sean felices con SU vida, y para nosotros como padres, nos queda el orgullo de haber intentado lo mejor y de abrirles los caminos a base de enseñarles a andar.

En esta imagen vemos a una cordera blanca con dos hijos negros. Ella no se preocupa del color, se parecen al padre, seguro, y tampoco eso le importa. Lo único que la oveja sabe es que debe enseñarles a comportarse, a sobrevivir (cosa complicada) y a comer hierba por ellos mismos. Que ya es una gran tarea.

Si les ensañamos a los hijos a nadar en las dificultades, a pelear con/por su propia vida, a saber construir una personalidad propia, y sobre todo a ser felices…, todo lo demás será un poco más sencillo para todos.

Por eso a veces, lo que les enseñamos es algo duro, no siempre es sencillo ni se trata de hacerles la vida fácil. Pues no, la vida no es fácil. 

Es mucho mejor que sepan por nosotros que a veces decir NO es inevitable, pues así, cuando se encuentren con los mil NO de la vida, entenderás que es una opción.

Por cierto, la oveja sabe que son hijos suyos por la puntita blanca de sus colas.

Si quieres a alguien, díselo solo a ella


Hoy tomando el café de las 11 he encontrado esta servilleta en el bar, una frase hecha, casi de autoayuda, que quiere decir lo que dice, que en el amor…, hay que hacer mas y decir mucho menos. 

Se nos llena la boca de hablar de nuestros nuestros padres o hijos, de nuestras parejas, pero no siempre hacemos lo que cada uno de ellos necesitan. 

El amor es gratis, una maravillosa ocasión para dar valor a la vida. Y repartir amor siempre logra que vuelva, que recuperemos con creces, aquello que entregamos.

¿Y si nos estuvieran engañando con casi todo?


Casi en todo nos intentan engañar, un poco o un mucho. Tenemos que ir por la vida con los ojos bien abiertos, pues no solo se nos engaña de forma alarmante, sino muchas veces de forma muy sutil. Lo que creemos que es una cosa, muchas veces es otra, y más en estos tiempos de exceso de información, sabiendo los listos que fabricas "sus" verdades que procesarla no siempre es sencillo.

De entrada no estaría nada mal que antes de creernos todo lo que nos cuentan, lo pusiéramos en "prevengan" para analizarlo con calma. 

Prohibido decir SI a las primeras de cambio, sean ofertas o discursos, noticas o textos con sonrisas. Reflexiona y toma distancia con todo lo que te llega, para ver si de verdad te parece verdad o no es tan maravilloso como nos cuentan.