El valor de saber guardar los conocimientos para que no se pierdan


Cuando un oficio desaparece y aunque no nos lo creamos es mucho más habitual de lo que se dice, con su pérdida desaparecen multitud de conocimientos que ya nunca más recuperaremos. En estos tiempos actuales es muy habitual cambiar procesos manuales hacia procesos digitales en todos los espacios productivos, algunos técnicos y otros artesanos o incluso de gestión. En todos ellos hay decenas de procesos productivos, de organización y técnicos que se pierden por mucho que se intenten conservar en apuntes o en libros. 

La velocidad del cambio es imparable. ¿Quien se acuerda cómo se hacían los fotograbados para que se pudieran publicar fotografías en los periódicos? ¿Quién recuerda cómo se conservaba el carbón y sus distintas clases en las carbonerías que vendían al por menor? ¿Quién apuntó de qué manera se conservaban las herramientas manuales de los operarios en las grandes empresas del metal para que siempre estuvieran afiladas?

El conocimiento es algo a veces intangible, difícil de conservar. Podemos saber de qué manera se hacían los trajes de la Alta Sociedad del siglo XV pues parece un trabajo de estudio que puede interesar. ¿Y cómo vestían los niños pobres? ¿Cómo era el día a día de un esclavo seleccionado por su calidad de trabajo?

El conocimiento hay que conservarlo, archivarlo, guardarlo aunque ya sepamos que nunca más lo vamos a tener que utilizar. Pero forma parte de nuestra sociedad, de nuestro desarrollo. Y a veces siempre es posible aprender detalles e incluso "trucos" que adaptados a las fechas actuales nos podrían sorprender.

¿Cómo funcionaba la formación de los niños en el siglo III? ¿Y la escuela pública en 1965 en España? ¿De qué manera se evitaban las plagas de la remolacha en 1940? ¿Qué plantas se utilizaban directamente sobre la herida para que las heridas cicatrizaran mejor? 

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