¿Cómo será tu empresa dentro de 5 ó 10 años?

Hay empresas que se premian las ideas de los trabajadores. Esto es tan viejo casi como la orilla del mar. Es un sistema de recompensas internas que sirve para motivar y para recoger ideas que desde fuera puede que se vean de otra forma, con otros puntos de vista.

Es verdad que la mayoría —hay que ser sinceros— no sirven por diversos motivos, casi ninguno achacable al propio trabajador. Pero recogerlas, premiarlas, analizar y archivarlas de forma activa es un gran ejercicio de empresa.

Pero además hay empresas que premian y casi obligan a que se dedique un tiempo del trabajo en ciertos puestos, con ciertas responsabilidades, a investigar la mejora contínua del trabajo. A plantear innovaciones y nuevas ideas desde los puestos intermedios de responsabilidad.

Este proceso provocado es mucho mejor y moderno que el anterior. Se está inculcando los procesos de investigación interna, se analizan y se defienden o se critican. Se exploran en profundidad para buscar sus posibilidades reales de que sirvan.

Son empresas que saben que el cambio constante es inevitable y que hay que estar preparado para ello. Que tu empresa hoy no se parecerá en casi nada a la empresa de dentro de cinco o diez años. Y por eso hay que estar constantemente buscando ideas nuevas para sobre todo prepararse. 

No se trata solo de ver tus propios cambios, sino de ver los cambios de los mercados, de la sociedad, de la competencia, de la realidad que nos envuelve.

¿En qué medida YO puedo hacer algo si es verdad que está todo por hacer?

Si tenemos que explicar una nueva realidad al hundirse esa ya vieja realidad por culpa de un virus, si estamos convencidos de que nos viene una nueva sociedad, tenemos también que admitir que está todo por hacer y que no suenan nuevos caminos, nuevas ideas, nuevos proyectos con la misma fuerza con la que suenan los destrozos de la vieja sociedad ya hundida.

Es verdad que todo lo viejo nunca se quiere morir sin hacer ruido, y que su capacidad de defensa es tremenda, lo que nos muestra que igual no vamos a tener tantos cambios como nos imaginamos. Pero aún así, seguro que algunos sí tenemos, y que incluso algunos de ellos serán importantes. Cambios que notaremos, que nos transformarán, que cambiaran las formas del trabajo, del ocio, de la economía, de las ciudades y de las relaciones con otras personas.

El mundo no se va a derrumbar, no lo van a dejar caer los dueños del mundo. Perderían todo el tinglado montado. Y eso es una ventaja para los que no somos dueños de nada. Tranquilos, que los “amos” intentarán que esto no se derrumbe.

Pero a la vez deberíamos pensar si podemos influir en que sea algo mejor, más repartido, con más capacidad cada uno de nosotros de emprender ideas, trabajos, iniciativas, éxitos futuros para nuestros hijos. ¿Por qué no vamos a poder ser cada uno de nosotros dueños del diseño del futuro?

Si es verdad que está todo por hacer, es tanto como admitir que todo lo que hay ya no nos sirve y eso hay que explicar que es un error. No se trata de construir todo de nuevo, sino de reconstruir a base de lo que vamos a decidir que no vale. Y es posible que unos optarán por salvar unas cosas y otros por otras cosas diferentes. Yo que tengo bicicleta quiero salvar las bicicletas, pero quien tiene patines deseara salvar los patines. ¿Y tú qué tienes?

Tal vez la pregunta correcta sea: ¿En qué medida YO puedo hacer algo si es verdad que está todo por hacer?