Chaflán y Escarbar. Dos palabras viejas

Hay palabras maravillosamente hermosas por poco utilizadas. Palabras raras que se van perdiendo por su poca utilización que resultan casi únicas en muchos idiomas que no encuentran traducción fácil. Voy a sacar dos de ellas de esta semana. Chaflán y Escarbar.

Chaflán está claro qué es, pero sin duda a su (casi) poca utilización se une la facilidad de pronunciar esquina. Aunque un chaflán no es precisamente solo una esquina, pues un chaflán es algo más o al menos una esquina con importancia. Un chaflán tiene tamaño pues no es el punto de unión de dos superficies sino un espacio con tamaño propio que “en la esquina” elimina a esta para crear un espacio propio que da visibilidad a las dos calles o líneas que quieren convergen y el chaflán lo impide creando un espacio propio. Un local en chaflán vale el doble o más, así que cuidado con olvidarnos de la palabra chaflán.

Escarbar es maravillosa. De pequeño, cuando era pobre de verdad en mi casa se compraban y se cocinaban escarbaderas para comer, pues tenían mucha gelatina. O al menos eso me decía mi madre. Las escarbaderas son las ptas de los pollos y gallinas, en realidad eran las de las gallinas jóvenes que eran más grandes que las de los pollos actuales. Se pelaban de sus escamas, se limpiaban muy bien y se cocían para pasar a una salsa de tomate.

Pero hablaba de escarbar, que sin duda viene de gallina. O no. No hay muchos que se dediquen a escarbar excepto las gallinas de corral. Escarbar es rascar, raer, rebuscar, emplear las patas o las manos para en la superficie enterarse bien de lo que hay removiendo todo. Cuidado pues escarbar también se utiliza para los alcahuetes que rascando van buscando información para su beneficio.

Clientes hay muchos, pero no todos son interesantes

En el Plan de Empresa deben entrar muchos análisis de viabilidad y de funcionamiento, pero sin duda también un análisis pormenorizado del papel de los clientes en la nueva inversión es fundamental. 

Toda nueva empresa gira alrededor de los clientes y de la producción que hagamos para esos clientes, por ello tan importante es saber qué vamos a fabricar y vender, como determinar hacia qué tipo de clientes nos queremos dirigir.

Innovar también es detectar nichos de clientes sin atender y ofrecerles un producto distinto que les haga cambiar de proveedor, pues si estamos empezando, todos nuestros clientes han sido antes clientes de otros proveedores similares a nosotros.

Los clientes son la gasolina de las empresas, no la única energía que mueve una idea de emprendimiento pero sí la más imprescindible. Sin los clientes no existe viabilidad posible. Pero los clientes son algo muy generalista y además de efímeros tienen multitud de matices y de aristas. Algunos clientes pueden hundirnos la empresa.
Por eso es imprescindible definir al crear un negocio o una empresa qué tipo de cliente se busca y necesita, a qué tipo de clientes se quiere atender. Cuántos y qué modelo de servicio les vamos a entregar. A qué precio y la rentabilidad de esa relación.

Buscar un tipo de clientes y que te acudan a la nueva empresa "otro" tipo de clientes es uno de los problemas más importantes de una mala planificación del negocio, de la empresa, del Plan de Empresa.

Nadie abre la puerta de una empresa esperando que le entren todos los tipos de clientes y que todos ellos decidan entrar. O mejor dicho, sí, las hay, pero ni es lo correcto ni lo eficaz ni lo recomendable… ni a medio plazo lo que produce seguridad. No todos los clientes interesan a todas las empresas.
Al crear el proyecto de una empresa, de servicio o del tipo que sea, una de las decisiones básicas es definir qué tipo de cliente deseamos atender, hacia quién vamos a dirigir nuestro negocio. Y alrededor de esa decisión moveremos todo el diseño completo y complejo de la nueva empresa.

Clientes hay muchos y muy variados aunque todos parezcan iguales, y por eso se dividen en bloques perfectamente estancos con algunas fisuras que también atenderemos. Y además tendremos en cuenta que una cosa es lo que nosotros deseamos hacer y tener y otra la que finalmente nos venga, por lo que nada debe ser tan estanco que no nos permita una cierta cintura de movimientos tácticos, que permita atender a todo tipo de clientes e incluso replantearnos alguna decisión.

Todos los clientes son MUY válidos, pero debemos estructurar la empresa hacia un tipo de clientes, pues cada uno de ellos requiere un tipo de servicio y atención, un tipo de precio y de urgencia, de calidad o de envoltorio en el servicio. 

Y parte de la rentabilidad radica en saber elegir correctamente el tipo de cliente al que dedicamos nuestro músculo y cobrarle el servicio o el producto con arreglo a esa decisión, para ser rentables y así poder seguir atendiéndolos con la misma calidad.