Votantes, consumidores, esclavos, alumnos ¿y libres críticos?

La vida no es un vaso que tengamos que ir llenando de conocimientos, somos mucho más y sobre todo tenemos que ser también críticos con lo (los) que nos intentan enseñar. No debemos convertirnos en meras máquinas de un sistema que necesita mano de obra barata y callada, fáciles de recambiar y con los conocimientos justos para ser rentables.

No podemos ser simples votantes de opciones cerradas que nos venden como dicotomías entre el bien o el mal. Ninguna es buena como ninguna es mala per sé. 

En la misma medida en que todos somos religiosos incluso aunque no creamos en ninguna religión. Pero ser religiosos no es ser feligreses de ninguna organización montada para vendernos dioses o santos, normas o mandamientos. Se puede ser religioso del bien común, de la sociedad, de nuestro pensamiento y reflexión. Llevamos miles de años siendo religiosos, mucho antes de que nacieran los Profetas más antiguos de todos. Y aquellas personas sin Profetas ya creían en sus Dioses.

Y sobre todo debemos vigilar muy bien nuestra capacidad de ser clientes, consumidores, pacientes, ahorradores o deudores. Esa es la forma más sencilla de perder la libertad, de que nos conviertan en esclavos 3.0 del siglo XXI.

Debemos ser personas, individuos capaces de leer páginas enteras y no titulares, seres vivos en su totalidad que exijamos una formación continua válida y libre, donde nosotros mismos pongamos los objetivos y las metas. No debemos admitir que todo nos venga impuesto, envuelto en papel bonito y para consumir de forma fácil.

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